Había una vez un grupo de pequeños distractores que robaban tiempo de manera divertida y sarcástica.
Estos traviesos personajes se llamaban Ticky, Tacky y Tocky.
Ticky era de color azul, Tacky era de color verde y Tocky era de color rojo.
Ticky era el más rápido, Tacky siempre hacía trucos y Tocky era el más astuto.
Un día, decidieron robarle tiempo al profesor de la escuela.
Ticky se acercó y empezó a moverle los lápices de colores.
Tacky saltó sobre la pizarra y borró todo lo que el profesor había escrito.
Tocky escondió el reloj del profesor para que no supiera cuánto tiempo había pasado.
El profesor se dio cuenta de lo que estaban haciendo y les dio una lección.
Aprendieron que robar tiempo es malo y que es mejor aprovecharlo haciendo cosas buenas.